Un análisis arquitectónico sobre la forma-prisión

¿Cómo se edifica, de forma física, la forma prisión en la arquitectura? El artículo Las prisiones que habitamos, desarrolla la base teórica para entender cómo funcionan las arquitecturas de clausura desde tres visiones clave: política, arquitectónica y filosófica. 

Éstas tres visiones sirven para evidenciar la tesis que las arquitecturas de clausura no se limitan a unos usos concretos; al revés, sus formas se establecen como tecnologías de desposesión, control, sometimiento y disciplina. Modelos aplicables a múltiples usos cuya función será no tanto castigar como entrenar y adiestrar los cuerpos y mentes disidentes para unas funciones sociales concretas, así como unos comportamientos socialmente aceptables y correctos.

El presente artículo, a partir de diez edificios con usos diversos, analiza qué características arquitectónicas comparten con la llamada “forma prisión”. Una forma que se caracteriza, como bien se explica en el artículo teórico, por tres elementos de control esenciales:

  • Control sobre el cuerpo
  • Control del espacio
  • Control del tiempo 

La tecnología que establece los principios de estos diseños pensados precisamente para el control sobre cuerpo ,espacio y tiempo es el “panóptico” que desarrolla Jeremy Bentham en 1971; una forma de vigilancia, a priori carcelaria, consistente en una torre central con los “reclusos” organizados en celdas individuales a su alrededor, sin que estos puedan saber si son observados o no. Esta forma, pues, busca jerarquizar el espacio haciendo que el detenido (o trabajador, enfermo, estudiante…) no pueda saber si está siendo vigilado, induciendo así un estado de permanente visibilidad que permite ejercer un poder constante y absoluto. 

Este dispositivo de control termina por aplicarse en múltiples espacios y usos, más allá de las formas puramente carcelarias. En el artículo teórico se establecen una serie de características arquitectónicas que definen la “forma prisión” y que estas arquitecturas comparten. A continuación, analizaremos los diferentes diseños según ciertas características para ver cómo se expresan funcional y organizativamente.

A grandes rasgos podemos dividir estas características en dos grandes grupos: el diseño espacial, que refiere a cómo la configuración física del espacio condiciona el uso que se da de él, y el diseño organizativo, que aborda la organización y gestión del propio edificio, así como de las personas que lo habitan. Será una relación dialéctica entre los dos tipos de diseño, y se potenciarán el uno al otro.

DISEÑO ESPACIAL

  1. Principio de centralidad del poder

(carrusel amb les plantes indicant el centre de poder)

Función formal: centralización y coordinación del poder, espacio de privilegio y control.

Función política: jerarquización y visibilización del poder, encarnación en el diseño del centro-periferia.

Preguntas de interés: ¿hay un punto claro central en el edificio?  ¿Qué servicios / dispositivos podemos encontrar en estos centros de poder?

Podemos observar cómo muchos de estos edificios disponen de una centralidad clara desde donde se organiza y ejerce el poder; un centro de control tanto funcional como representativo. Es claro en prácticamente todos los diseños; desde las arquitecturas más circulares (como la Plaza de toros de Valencia), a los más ortogonales (como el cuartel militar de Córdoba). En algunos, pero, es especialmente evidente la materialización de éste centro; el Hospital de Exminster, el Asilo para Pobres o la Prisión de Mataró, aún teniendo formas muy diferentes entre sí, disponen de unos espacios desde donde ejercer ese poder de una forma central. Estos espacios pueden contener tanto el programa simbólico del poder (como despachos, oficinas, capillas…) así como literal, como en el caso de la antigua prisión de Mataró, donde se sitúan los puestos de vigilancia de los guardias.

  1. Diseño radial

Función formal: capacidad de una mayor vigilancia, coordinación y limitación de movimientos. Control del espacio desde el centro de poder.

Función política: control del cuerpo y la mente a partir de la exposición panóptica, miedo a ser observado sin tu ver.

Preguntas de interés: ¿Qué relación hay entre el observador y el observado? ¿Cómo afecta al espacio, cuerpo y mente?

Una consecución del diseño panóptico y en estrecha relación con el primer punto (la centralidad) es la organización radial para una maximización de la vigilancia. De nuevo, en la antigua prisión de Mataró (no en vano es uno de los grandes ejemplos de arquitectura carcelaria panóptica que conservamos aún en España) resulta evidente; observamos la importancia de las pequeñas ventanas en el muro central, desde donde un espacio muy reducido pocos guardias pueden controlar la totalidad de la prisión, organizada alrededor. Otras arquitecturas comparten bien este diseño radial, aun cuando no encontramos un centro físico consolidado. La plaza de toros de Valencia, el convento de San Jerónimo o el Cuartel Militar organizan el edificio a partir de un espacio vacío, un patio o claustro. Esto no es para nada una contradicción, especialmente cuando lo cruzamos con el resto de principios que vienen a continuación. ¡Veámoslo! 

  1. Principio de impermeabilidad

Función formal: clausura controlada del sujeto, mediante muros, vallas, ventanas, control de acceso y salida restringida. Segregación clara del dentro y el fuera.

Función política: privación de libertad, despojar de la capacidad de decisión y control sobre el propio movimiento. Creación de un estado de excepción: los derechos cambian dentro de los muros.

Preguntas de interés: ¿Cuál es el grado de impermeabilidad de los muros? ¿Qué puede y que no puede atravesar estos límites formales y políticos en la forma-prisión? ¿Qué grado de conexión/separación hay entre interior y exterior?

La división clara entre un dentro y un fuera en las arquitecturas de la “forma prisión” es prácticamente una necesidad; su ejemplificación más directa es el muro o la valla, la formalización de un límite claro. En todas las arquitecturas que analizamos podemos establecer claramente éste límite; se construyen como arquitecturas muy opacas, que se abren más hacia dentro (donde tienen y ejercen el control) que hacia fuera. Recuperamos ahora los edificios que se organizan a partir del vacío o patio central que hablábamos en el punto anterior; podemos ver que aparte de su función puramente funcional y organizativa, sirven para centralizar el espacio “común”, mucho más controlable, a la vez que se aíslan del contexto exterior. 

Las arquitecturas que directamente su función es sistematizar la matanza, ya sea humana o animal, como el campo de concentración nazi de Dachau o el Matadero de Madrid, no disponen de ventanas o aberturas en su perímetro; construyen un límite claro, ya sea con un muro o una valla, que separa quién vive de quien muere.

En otros edificios esta permeabilidad (o impermeabilidad) del muro está asociada al tipo de espacio; en la prisión de Mataró, encontramos ventanas en la fachada del ala funcional de la prisión. Las celdas, organizadas circularmente alrededor del patio, no tienen contacto con el perímetro exterior. Hasta el cementerio de Módena de Aldo Rossi se configura como un muro continuo, opaco e infranqueable, que sólo se abre hacia su interior.

  1. Segregación espacial

Función formal: control no negociable sobre el movimiento y el espacio. Jerarquía del espacio construido sobre donde se ubica cada servicio, qué función tiene y su calidad.

Función política: expresión del poder constante mediante el uso del espacio. 

Preguntas de interés: ¿Puedes detectar los espacios más importantes y los más secundarios? ¿Hay zonas muy separadas entre sí? ¿Qué usos imaginamos en cada espacio según esta supuesta segregación?

La expresión arquitectónica del poder se ve reflejada en los diseños de los edificios mediante la segregación espacial, tanto en la calidad de espacios como en su disposición en el edificio y los movimientos que implican. El caso más evidente es el Hospital de Exminster, que su diseño de radios verticales marca unas circulaciones únicas que conectan el centro con las habitaciones (¿o celdas?). Recorridos de ida y vuelta, de exposición y vulnerabilidad, de estratificación y jerarquía. En otros espacios el patrón se repite expresado en otras formas arquitectónicas, como el caso del Convento de San Jerónimo. Aquí, observamos como todas las celdas, aparte de organizarse alrededor del claustro central, dan a él como único y exclusivo recorrido; cualquier movimiento a partir de la celda-habitación es susceptible de ser público dada su exposición.

En este ámbito, la arquitectura del campo de concentración de Dachau es dolorosamente explícita; el diseño nos indica claramente donde se encuentran los espacios de control, vigilancia y vida de los guardias, mientras que las celdas, aquí comunales, son organizadas mediante un recorrido central claro, visible y suficientemente alejadas de los límites para que todo movimiento fuera de la “normalidad” del campo sea expuesto.

  1. Individualización de los cuerpos y las mentes

Función formal: división clara y jerárquica entre espacios comunes (visibles y controlables) y espacios privativos e individualizados (invisibles pero controlables). Gestión de la individualización y tiempo de relación del cuerpo.

Función política: gestión de la individualización y tiempo de relación de la mente, sin ningún tipo de control sobre ello.

Preguntas de interés: ¿Dónde se sitúan los espacios comunes? ¿Cómo son de abiertos y controlados? ¿Detectas espacios más individuales o privados? ¿Se relacionan unos con otros?

La gestión de la visibilidad y la individualización se materializa en los edificios escogidos de formas diversas, y se entiende bien en relación con las características anteriores. La segregación espacial que analizamos anteriormente marca una división clara entre lo común y lo privado, que también es  lo visible y lo individualizado (que no invisible). En todos los diseños detectamos inmediatamente espacios, ya sean habitaciones de hospital, aulas universitarias, espacio para ganado… tipo “celda” (no en vano en hospicios y conventos la jerga habitual para definir las habitaciones es precisamente el mismo que en las cárceles, celdas). Se sitúan en los perímetros, cerca de espacios organizativos interiores como los patios, pero lejos de los accesos (o el único acceso). Lo vemos en arquitecturas (a priori menos definidas por estos patrones) como la Universidad o el Cuartel Militar, ambos con un acceso único principal y un diseño claro y jerárquico a partir de patios y claustros interiores.  El Matadero de Madrid responde también a una estructura similar, con una franja entera en uno de los lados largos que organiza las “celdas” y las conecta con un pasillo que atraviesa el edificio entero, creando una clara segregación de los espacios individualizados con el resto de edificio.

DISEÑO ORGANIZATIVO

  1. Datificación y clasificación

Función organizativa: transformación del sujeto y su vida en datos clasificables y cuantificables, para administrar y gobernar el cuerpo (según peligrosidad, edad, función, rendimiento…). La arquitectura transmite, diseña y ordena estas categorías espacialmente.

Función política: transformación de las personas en documentos datables (datos básicos, identificador, evaluaciones, faltas…). Proceso de despolitización y despersonalización.

Preguntas de interés: ¿Podemos observar en el diseño este proceso de categorización?  ¿Se repiten espacios iguales, como módulos, aulas, celdas o habitaciones similares? 

El diseño organizativo, al tratar sobre el uso y gestión que se da en el edificio y no tanto en su diseño físico es más sutil de observar en las plantas de los edificios. Aún así, vemos cómo la arquitectura participa del proceso de datificación y clasificación al distribuir espacialmente las categorías de los reclusos-usuarios: módulos distintos, regímenes diferenciados, circuitos separados. La arquitectura militar responde bien a este modelo de categorización; en el cuartel de Córdoba se observan muy bien diferentes tipologías de espacios, ubicados en diferentes secciones del edificio; un claro orden no sólo jerárquico, como veíamos en el diseño espacial, sino también categorizado. El asilo para pobres de Sampson Kempthorne también permite una clara lectura en este sentido; la cruz central contiene una serie de espacios diferentes de los perimetrales, tanto por medidas, grosor de muros, ventanas… Podemos deducir en él un orden, igual que en el cuartel, no sólo jerárquico sino también clasificatorio.

  1. Evaluación del rendimiento y el castigo

Función organizativa: dos caras de la gestión del espacio, que organiza aquellos que cumplen las normas, se adaptan y trabajan según las reglas que rigen el espacio, y aquellos que no.

Función política: premiar y recompensar la sumisión, castigar la autonomía y la divergencia respecto lo establecido por el poder. 

Preguntas de interés: ¿Existen lugares en el edificio donde aislar y sancionar comportamientos?

El poder busca prescindir de la violencia constante, administrando incentivos y amenazas para gestionar el comportamiento. A nivel espacial, lo podemos ver traducido en espacios que cumplen esta función; en el caso del rendimiento, en aulas, talleres o oficinas, por ejemplo.  El castigo muchas veces se expresa en forma de privación de privilegios, visitas o hasta derechos. A nivel espacial podría escenificarse en espacios de aislamiento, aún más separados y segregados que las propias celdas. El proyecto teórico de la Universidad contiene, obviamente, espacios de rendimiento y evaluación como serían las aulas. En el resto, al tener sólo un dibujo de un plano, es difícil detectar estos otros usos. Os invitamos, en este apartado, a imaginar en cada uno de los dibujos de los edificios qué espacios responden a las características del diseño de rendimiento y cuáles al diseño de castigo.

  1. Enseñanza del conocimiento “adecuado”

Función organizativa: programar y gestionar espacios de formación, taller o trabajo con el objetivo de aprender y normalizar una forma de comportamiento y pensamiento “buena” o “aceptable”.

Función política: enseñar y reeducar para adaptar al sujeto al orden existente, mediante la obediencia de las normas y jerarquías establecidas.

Preguntas de interés: ¿imaginas espacios donde educar, escuchar y aprender?¿Quién ocupa la posición de “enseñar” y quién la de “aprender”?

El diseño organizativo de la enseñanza se expresa más como un programa formativo que como un diseño aplicado al espacio. La educación (o reeducación) de los sujetos reclusos se encuentra estrechamente relacionada con el punto anterior; los mismos espacios de evaluación de rendimiento son, la mayoría de las veces, los espacios donde se establece el programa formativo (o reformativo) con el que precisamente evaluar a los sujetos. De nuevo, pues, os invitamos a realizar un ejercicio creativo para detectar estos espacios en cada uno de los dibujos de los edificios. Lo interesante, aquí, es ver si a partir de analizar los dibujos en busca de espacios de enseñanza cambian vuestras elecciones respecto al punto anterior o al revés, se mantienen y reafirman.

  1. Control y regulación del tiempo

Función organizativa: imposición y control sobre el tiempo en el espacio. Establecimiento horario qué indica QUÉ puede hacerse, DÓNDE puede hacerse y CUÁNTO tiempo puede hacerse. Control productivo del tiempo.

Función política: establecimiento de un régimen temporal productivo y organizado del cúal el sujeto no es dueño. Despojar pues también no sólo del límite espacial de movimiento sino del tiempo disponible.

Preguntas de interés: ¿Qué espacios asocias con un horario (comedores, aulas, dormitorios…)? Es fácil imaginar rutinas diarias marcadas en el edificio?

¿Cuál es el formato que mejor expresa el control y regulación del tiempo en un espacio o edificio concreto? Sin duda, el horario. Ya sea en la escuela o universidad, el centro de trabajo, oficina o fábrica, el hospital o la prisión, el tiempo se encuentra estrictamente organizado. Comer, dormir, trabajar, salir al patio, ducharse o recibir visitas se integran en una secuencia impuesta desde fuera. Así, todos los espacios de los edificios entran dentro de la calendarización del tiempo.

Hay algunos, pero, que son especialmente relevantes en este calendario; los comedores son espacios que se encuentran concentrados y compartidos en el calendario. Precisan de un tamaño suficiente para reunir a todos los usuarios-reclusos, y debe estar en un sitio desde donde se pueda ejercer o mantener un cierto control y poder. ¿Qué espacios pensáis que podrian funcionar como comedores en los diferentes dibujos, aunque puedan no precisarlo (como por ejemplo el matadero o la plaza de toros). 

En este apartado, hay un ejercicio muy interesante, fuera del puro análisis arquitectónico pero muy relacionado con él, qué consiste en dibujar cómo sería el horario diario o semanal de cada uno de los edificios, con su uso concreto. Una vez hecho, el interés está no tanto en el horario en si, sino en la comparativa entre ellos (¡como en todo el artículo!). Estudiar qué similitudes comparten y, sobre todo, qué conclusiones podemos sacar de ellas…

  1. Trabajo como expiación y reparación

Función organizativa: vía disciplinaria, de aprendizaje, compensación social (mediante trabajos a la comunidad, por ejemplo).

Función política: convertir el tiempo de reclusión y cautiverio en tiempo productivo.

Preguntas de interés: ¿Imaginas estos espacios como sitios de trabajo / producción? ¿Te parece más un trabajo controlado o autónomo?

El trabajo ocupa un eje central e histórico en el diseño de la forma-prisión; mediante un discurso moralizador que se entremezcla entre el castigo (punto 2) y la enseñanza de lo “adecuado” (punto 3), la extracción de mano de obra reclusa tiene un uso utilitario. Especialmente cruel en muchos casos, ya que se utiliza precisamente el discurso moralizador-punitivista para sortearlos márgenes legales de lo socialmente establecido como digno en el trabajo. Un espacio de trabajo seguro, un horario marcado y pautado y unas condiciones ambientales y laborales dignas son derechos que se diluyen dentro de los muros de la forma-prisión, donde se ejerce una legalidad alternativa lejos de los ojos exteriores.

Éste artículo persigue la voluntad de poder aplicar los análisis teóricos de la forma-prisión en una serie de edificios. Su elección no es azarosa; usos diversos (hospitalario, carcelario, educativo, militar…) con formas aparentemente muy diversas y alejadas entre sí que se empiezan a parecer cuando los miramos bajo los criterios de la forma-prisión. Estos, obviamente, no son los únicos. Las formas espaciales y organizativas de la forma-prisión se pueden ver reflejadas en muchos espacios y aspectos de nuestro día a día. Os invitamos a realizar también una lectura crítica de los mismos. Detectar y señalar los espacios y formas de opresión que nos rodean y ejercen algún tipo de poder sobre nosotros es siempre el primer paso para su erradicación. 

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